Carta
de Doris |
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| Queridas hermanas y hermanos del arco
iris
Estoy bastante impresionada: Tengo que llegar casi a los 40 años para encontrar un lugar donde nosotros, hermanos en la fe homosexuales, podemos intercambiar nuestras experiencias. Yo puedo hablar de nuestro "tema" libremente también en mi trabajo, soy una convencida de una franqueza absoluta. Pienso, y eso también me enseñó mi experiencia, que solamente así podemos vivir mentalmente sanos y luchar por nuestro lugar merecido en la sociedad y en la iglesia. Además he visto que un rechazo inicial desaparece con el tiempo cuando uno no se deja irritar, salvo unas pocas excepciones. La madre de mi novia es una excepción bastante extrema (muy católica), mi compañera de vida se hizo nuevo apostólica a través de nuestra relación de pareja. Volviendo a la franqueza: Bastante tarde - tenía casi 30 años - me di cuenta, (o mejor dicho: me permití aceptar el hecho) que soy lesbiana. Eso tenía algunas desventajas, por ejemplo que me podría haber faltado experiencia, pero también la enorme ventaja, de descubrir mi mundo (que no es pura sexualidad) como persona con firmeza existencial y experiencia de vida, descubrir un nuevo campo de mi personalidad, en lo cual me ayudó una auto-comprensión ya desarrollada. También hay que considerar, que como miembro de la Iglesia Nueva Apostólica en una región mayormente católica, conozco ya desde pequeña la sensación de pertenecer a una minoría, lo que sentí mucho más duro con mi frágil personalidad de niña, que ahora como adulto al pertenecer a la minoría de homosexuales. Como niña recibí mucha presión de la iglesia "estatal" católica, tanto en el jardín infantil (tenía que salir por un año porque ya no soportaba la presión de las monjas), como en la escuela. Y realmente me sorprende que muchos de nuestros hermanos (que han hecho esas mismas experiencias) piensan de forma tan conservadora y rígida. Por supuesto, en mi juventud me llamó la atención mi propia forma de ser. Los muchachos me interesaban solamente como amigos, me gustaban los encuentros de la juventud, me gustaban los juegos y los deportes; en cambio el rol generalmente pasivo de las niñas me pareció demasiado aburrido, yo no quería ser como ellas. Además, pensaba que por mi figura (soy gordita) no era apta para ese jueguito de roles, que no era muy "señorita". Algunos me encontraron rara, pero en general me querían porque siempre participaba en cualquier tontería. Si alguien me decía que era rara, reaccioné con agresividad, no me importaba su edad o su estatus. Todavía soy así. En algún momento esos paseos de la juventud me cargaban, tenían características de un "mercado matrimonial", se lo dije también a los siervos Similar me comportaba fuera de la iglesia, pero especialmente en la escuela sentí mucha presión y rechazo, lo que me afectó mucho. Habría mucho que contar pero es demasiado para contar todo. Muchas de las cosas que me pasaron tenían que ver con mi condición de homosexual, pero eso lo reconocí mucho más tarde. Igual me parecía raro que me había enamorada de mi profesora de inglés, y no lo podía contar a nadie. Todavía recuerdo los sentimientos, entre la alegría cuando teníamos clases de inglés, y el miedo que alguien se podría dar cuenta. Me fue imposible en esa etapa de mi vida ocuparme del tema con franqueza.No dejé de ir a los oficios, participaba en el coro lo que siempre me causó mucha alegría. Mas adelante tomé clases de canto, lo que me hizo muy bien. Cuando salí de casa de mis padres para vivir sola (por 6 años, antes de mi coming-out y conocer a mi mujer) mantenía mi fe y mi participación en la comunidad. No permitía que alguien me dijera como vivir la palabra y la fe, y - aquí quiero felicitar a mi comunidad - nunca nadie se metió en mi vida. Yo siempre estaba, participaba, y con eso estaba bien. Como ya dije, mi mujer se hizo nuevoapostólica también, poco después de conocernos. Estaba convencida que nuestra fe era la verdadera y quería ser parte de esto, tenía una tremenda lucha, porque mucho surgió de su pasado lleno de sufrimiento y tenía que trabajar mucho en ello. Muchas veces pensaba que esas cosas iban a arruinarme a mí también, pero sentimos que el amado Dios veía bien nuestra relación, y que quería dar la posibilidad, quizás poco convencional, a un alma de encontrar una perspectiva y un marco de seguridad, similar a una familia. También recibimos la bendición, en forma no oficial en nuestra casa, a través de nuestro Primer Pastor, que era un hombre muy abierto de mente (ahora está en descanso). Sé que esta bendición es muy eficiente, quiero lograr también a través de ustedes que nosotros/as podamos casarnos y que las mujeres puedan recibir ministerios también. En general tengo la suerte haber tenido siempre (y todavía tengo) portadores de ministerio con mucho amor y comprensión, también para nuestra situación de vida homosexual. Cuando, hace unos años atrás, nuestra relación pasó por una crisis, los siervos estaban expresamente a favor de mantener nuestra relación de pareja y también oraban por ello. Eso hay que tener en cuenta si alguien quiere formarse una imagen general de nuestra iglesia respecto a nuestra situación. Tengo la esperanza fundamentada que el reglamento interno (que es poco lógico) desaparezca tarde o temprano, igual que la imaginación de poder hacernos terapia u otras tonterías similares. El Apóstol Mayor Fehr ha reconocido, así lo pienso, todo lo que es y será necesario para evitar un estancamiento o paralización de nuestra iglesia. El es un innovador muy abierto, y esto hace muy bien. El evangelio es demasiado bueno para ser destruido por fanatismo, igual que el fanatismo en contra de nosotros homosexuales, que igualmente nos esforzamos de perfeccionarnos y de llegar a la meta de nuestra fe. Si el amado Dios nos creó con nuestra condición, entonces nos acepta así también, y nos examina - igual que a todos - si actuamos en forma consciente y responsable frente a nuestras parejas y los demás seres humanos. |
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