| "Establecer el Curso para el Futuro de la Iglesia" |
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Extracto de la Entrevista con el Apóstol Mayor Wilhelm Leber, En la revista "Nuestra Familia" N° 10 se publicó un artículo en el cual usted contesta preguntas a jóvenes sudafricanos, entre otras sobre el tema de la "homosexualidad" y de los matrimonios entre homosexuales. Sus comentarios desataron fuertes reacciones entre los hermanos homosexuales y transexuales. ¿A qué están dirigidas las críticas de estos hermanos? En primer término, a los hermanos en la fe homosexuales les causó extrañeza mis palabras introductorias. Me había referido a que el orden divino hablaba del hombre y la mujer. Debido a este comentario surgió la impresión de que la homosexualidad es algo antinatural, algo que no encaja en el pensamiento de la creación de Dios, que quizá incluso llega a ser patológico. Debo admitir que esto dio lugar a un equívoco. Quiero aclarar que según los conocimientos científicos actuales, la homosexualidad es, en lo esencial, una inclinación especial; así como en una persona puede diferenciarse si es diestro o zurdo, éstas también son inclinaciones diferentes. Seguramente la homosexualidad tiene otra envergadura, pero en lo básico ambas situaciones me parecen comparables. La formulación "práctica de la homosexualidad" también suele ser objeto de crítica habitual. ¿Existen intentos de modificar esta terminología? Al respecto se está reflexionando, pero todavía no se ha encontrado una formulación mejor. La idea no es discriminar con este concepto. Cuando afirmamos que "la Iglesia no ve bien la práctica de la homosexualidad" es una frase que se toma en forma muy general, que no debe comprenderse en forma unificada. Lo quiero interpretar del siguiente modo: a nadie le estamos imponiendo precepto alguno, pero sí queremos señalar los peligros. No decimos que la práctica de la homosexualidad sea pecado porque ésta es una expresión que iría mucho más allá. Desde mi punto de vista, ciertamente, es diferente que alguien viva en una relación homosexual estable, en el sentido de que ésta pueda considerarse una relación humana de acuerdo con los principios éticos, o no. Muchos homosexuales señalan que la sexualidad sólo es una parte de la relación. Igual que los heterosexuales también quieren compartir sentimientos como el afecto y el amor con una persona. Repito entonces: seguramente existe una diferencia entre vivir una relación homosexual estable y vivir relaciones sexuales promiscuas en el sentido de la pura satisfacción sexual con parejas que cambian en forma permanente. En su postura sobre el tema conducta sexual, la Iglesia dice que los hermanos homosexuales no deben asumir funciones de enseñanza o ministeriales. ¿Cuál es su opinión sobre este aspecto? Al responder esta pregunta no debemos dejar de lado la evolución social. No hace tanto tiempo, la homosexualidad era ampliamente rechazada y no era aceptada por la sociedad, incluso era penalizada. Pero hoy es diferente. En nuestras comunidades queremos resguardar a los hermanos homosexuales y no generar discusiones con ellos. Por eso, como Iglesia hemos recomendado que los hermanos homosexuales no ejerzan funciones de enseñanza ni ministeriales. ¿Es necesario revisar o bien reformular la postura de la Iglesia Nueva Apostólica sobre la homosexualidad? Es probable que sí, que la actual postura todavía no refleje el último avance. ¿Cuál es la opinión de la Iglesia sobre el matrimonio de parejas homosexuales? ¿Sería pensable la bendición de estos matrimonios en la Iglesia? Estamos muy lejos de ello, aunque este tema sea objeto de amplia discusión en la opinión pública en este momento. Quiero referirme a la Sagrada Escritura, que para nosotros es la base. Aquí encontramos algunas citas que nos dan motivos para tener reservas. También debemos mencionar especialmente las expresiones del Apóstol Pablo que ya cité en la entrevista que me realizaron en Sudáfrica. Seguramente son enunciados que deben analizarse en el contexto social de la antigüedad. Hay que tener cuidado con transferir éstos al presente. Aún así, estos pasajes nos advierten que mantengamos cierta reserva. Como Iglesia Nueva Apostólica no debiéramos ser precursores de algo que evoluciona en otra dirección. Por eso no lo consideramos tema en este momento. La Iglesia ¿necesita tiempo todavía para elaborar esta evolución social de apertura con las parejas homosexuales? Seguramente que la evolución social desempeña un papel importante. No siento temor al decir que como Iglesia nuestra tendencia es ser más bien reservados. Pero se ha demostrado que hoy vemos las cosas de manera diferente que hace diez años. De ello puede derivarse que en diez años más también veremos las cosas de manera diferente que hoy. Seguramente no arrojaremos por la borda nuestros fundamentos de la fe. Estos nada tienen que ver con la homosexualidad. Pero en el terreno de la inclinación sexual se han incorporado muchos conocimientos que colocan este tema bajo otra luz que hace años. Por eso me parece que es posible pensar en adaptaciones. Pero ruego que se nos conceda tiempo para que nos podamos ocupar de manera intensa y con el debido cuidado de estas cuestiones, porque no queremos avanzar en una evolución, cuyas consecuencias no hayamos analizado suficientemente todavía. ¿Esto significa que la Iglesia Nueva Apostólica está puliendo su teología moral?
La Sagrada Escritura no ofrece suficientes posibilidades para que en todos los casos pueda hacerse
una distinción entre el bien y el mal. Hay ciertos anchos de banda, hay hechos que se suceden
y evolucionan. Por cierto que no considero que admitir esto sea difamatorio. Tratamos de evaluar
estos temas de manera muy seria y, a veces, llegamos a otras conclusiones que hace años o
décadas. ¿Hay otras cuestiones sobre el tema "Sexualidad" en elaboración en los grupos de proyectos? El tema de la "Sexualidad" por ahora está cerrado porque al respecto hemos redactado una postura. Pero en áreas especiales puede suceder que emitamos enunciados complementarios. En este sentido pienso, por ejemplo, en una comunicación sobre la transexualidad. Sobre este tema por ahora sólo nos hemos expresado de manera muy general. He oído que, en el ínterin, se han llevado a cabo reuniones con el objeto de adoptar una postura más amplia. Esta se publicará dentro de un tiempo prudencial. Por lo demás, en este momento no veo necesidad de actuar de inmediato. De vez en cuando se plantea la pregunta si los homosexuales también pueden alcanzar la meta en la fe. ¿Que opina usted al respecto? Estoy convencido de que ningún homosexual debe ser básicamente excluido de la posibilidad de poder alcanzar la meta en la fe. He mencionado que si alguien se maneja de manera seria y consciente de su responsabilidad con su orientación homosexual en una relación estable, esto se considera de manera diferente que las relaciones esporádicas que cambian permanentemente. Lo mismo se aplica a los heterosexuales. Independientemente de ello todos nosotros estamos supeditados a la gracia de Dios. Por lo tanto, si alguien homosexual vive su fe de manera seria, estoy convencido de que puede alcanzar la dignidad igual que otros. En este punto quiero decir expresamente que nuestros hermanos homosexuales dejen de preocuparse en este sentido.
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