Gustavo |
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La verdad es que no sé bien por donde comenzar.....solo sé que
ahora soy y tengo esta condición!!! Con el tiempo esos sentimientos aparentemente habían desaparecido, y me relacioné con algunas chicas de mi edad. Soñaba con casarme con una hermanita que colaboraba conmigo en el coro de la capilla, tener hijos, y todas esas hermosas cosas... Pasaron los años y al momento de elegir alguien con quien compartir mi vida, otra vez me encontré atraído por personas de mi mismo sexo. Salí con gente homosexual en relaciones poco duraderas, hasta que conocí a una joven por la cual me sentía muy atraído. El desorden que sentía en mi cabeza era tremendo, tenía miedo de comenzar algo que no sabia después como continuaría. Conocía el caso de un hermano gay, que se había casado, por la presión de su familia y terminó separándose, yo no quería repetir historias. Fue entonces que decidí pedir una entrevista con mi Apóstol. El Apóstol sabiendo de antemano el motivo de mi entrevista accedió recibiéndome en la Administración Central. Desde que me abrió la puerta de su despacho me hizo sentir especialmente cómodo y contenido, tomó mi abrigo para colgarlo en su perchero, me invito cordialmente a sentarme y fue como hablar con un amigo, en un clima dispuesto y distendido, siempre fue muy directo y como decimos nosotros "al pan, pan; y al vino, vino". Le comenté acerca de mi vida sentimental, mis relaciones heterosexuales y homosexuales y que tenía deseos de entablar nuevamente una relación con una joven. Me comentó que le parecía muy digno de mi parte haber ido a hablar con él. En un momento de la conversación me dijo que ser gay no es algo que lo podemos decidir nosotros, sino que viene en nuestros genes desde nuestros principios. Me aclaró que por ahí mi caso era solo una duda, que si yo tenia el deseo de querer volver a relacionarme con una mujer con la ayuda de la oración y fe, podía hacerlo, pero también me dejó bien en claro, que en el andar de mi vida iba a tener otro camino al lado del mío, y que ese otro camino en algún momento se podía llegar a cruzar con el mío. Me preguntó si mi situación la sabía algún siervo de la capilla al yo contestar negativamente me pidió que no lo comente y que ante cualquier necesidad no deje de acudir a él. Pienso que al pedirme que no comente nada en el círculo de la capilla realmente me estaba cuidando, ya que bien sabemos que no todos los portadores de ministerio están preparados para tocar un tema como este. También me preguntó cual era mi situación en mi casa, le confesé que ningún familiar estaba enterado, entonces el Amado Apóstol me ofreció que cuando quisiera "blanquear" la situación con mis padres, él podía tener un testimonio con ellos. Doy gracias a Dios por la forma en que el Apóstol se brindó conmigo, en ningún momento me sentí rechazado o discriminado, en cierto momento recuerdo que me dijo; "...como verás te estoy hablando como si fueras mi hijo..." y así me sentí. |
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