Heinz |
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Mi pareja, ya en la eternidad, nació en 1930 y yo en 1933. Nací en una familia nuevoapostólica como segundo hijo en una comunidad rural en Suiza. A pesar de los años de crisis no tuvimos problemas económicos, y mis padres hicieron todos los esfuerzos para que no faltase nada. Recuerdo a mis padres con mucho respeto. Ya desde niño me gustaba jugar más con muñecas que con juguetes de muchachos. Siempre buscaba a niñas para jugar con ellas, mientras mis compañeros de escuela salieron a explorar el bosque. En la comunidad nos quedamos sin armonista. Me preguntaron si tenía interés en aprender. Mis padres no tenían plata para pagar los estudios. Un hermano de una comunidad vecina me enseñó un poco. Recuerdo que para Navidad de 1944 tocaba por primera vez el armonio en nuestra comunidad. Recuerdo que fue el himno N° 24 del himnario. Desde entonces tocaba en cada oficio el armonio. En ese tiempo todavía no teníamos órgano electrónico. En mi pubertad todavía no existían las revistas pornográficas. Un compañero de escuela me dio un cuaderno donde salía gente desnuda. Con ese cuaderno, mirando los hombres, me masturbaba. Cuando tenía 16 años empecé un aprendizaje de mecánico. En el camino hacia el trabajo me cruzaba con un hombre gay que me interesaba. Tuve muchos pensamientos eróticos con él. Tanto provoqué a ese hombre, hasta que llegué a tener una experiencia con él. A pesar de saber que me interesaban solamente los hombres, rechacé esos pensamientos por completo. En ese tiempo hubo mucha discriminación hacia los homosexuales. Conocí una muchacha, y nos entendíamos muy bien. Cuando tenía 19 años, nos comprometimos. Pero cuando me di cuenta, que mi comprometida no solamente me quería tomar de la mano o hacer cariños, le confesé que era gay. Con muchas lágrimas y largas conversaciones con ella y con mis padres, nos separamos. A mis padres les costaba comprenderme y al principio fue muy duro para ellos. Pero rápidamente entendieron, que eso era la realidad, lo aceptaron y me apoyaron. Con mi comprometida pude conversar bien acerca de mi condición y hasta el día de hoy somos muy amigos. En un encuentro de la juventud conocí a un hermano de la ciudad y me enamoré de él. Sabía que a él solamente le gustaban las mujeres. Sin embargo lo visité casi todos los fines de semana para estar junto a él. En esa ciudad me ofrecieron un trabajo y los padres de mi amigo me arrendaron una habitación. En la primavera del año 1954 conocí a Hugo en el único bar gay de la ciudad. Fue amor a la primera vista. Hugo venía de otra ciudad y buscaba trabajo. No tenía donde dormir y ya era tarde. Llamé a Mueti, si podía llevar alguien a casa, como en mi habitación había una segunda cama. Mueti aceptó. Hugo me acompaño, y desde el primer día vivíamos juntos. En la mañana Hugo se quedó con la familia nuevoapostólica y se entendieron tan bien, que Mueti le ofreció de quedarse en la habitación. Mueti era la mujer donde arrendábamos la habitación, y hasta su muerte tuvimos un contacto muy estrecho con ella. El Sábado le dije a Hugo que tenía que levantarme temprano porque iba a la iglesia. Hugo me preguntó si me podía acompañar. Fuimos juntos a la iglesia, y desde ese día no faltó a ningún sermón. Después de un mes ya cantaba en el coro y en Navidad fue sellado. A principios de 1955 buscamos un departamento propio. En esa época fue prácticamente imposible, que dos hombres solteros podrían encontrar algo. Hablamos con nuestro Evangelista de Distrito, que siempre tuvo comprensión para nosotros. El Evangelista se arrodilló y oró con nosotros para que pudiéramos encontrar un departamento. Dos días después firmamos el contrato. Fue una experiencia de fe maravillosa. Ayudamos al Pastor de la juventud en el cuidado de los jóvenes y muchos hermanos y jóvenes nos aceptaron totalmente. Hubo muchos, que se acercaron a nosotros con sus problemas y no al pastor. Por supuesto también hubo hermanos que nunca nos aceptaron como pareja homosexual. Ya en ese tiempo caminábamos tomados del brazo en la ciudad, jamás escuchamos comentarios ofensivos, quizás algunos nos miraron al pasar. Para nosotros era normal, si éramos el uno para el otro. A fines de 1960 se murió mi padre. Mi madre se vino a vivir con nosotros y vivió con nosotros hasta su muerte en el año 1978. Tuvimos un tiempo muy lindo con ella. En 1966 me llamó mi Pastor Dirigente. Me informó que el director del coro estaba enfermo y ya no se podía hacer más cargo del coro y me pidió hacerme responsable del coro. Estuve 6 años con el coro, fue un tiempo muy bendecido y me dio mucha satisfacción. Tuvimos una hermosa comunión con el Pastor Dirigente y le ayudamos como podíamos. Todavía hoy me dice que fueron tiempos muy bendecidos. Hugo nació en el Tesino y su lengua materna era italiano. Querían fundar una comunidad italiana en nuestra ciudad. Le preguntaron a Hugo si quería ayudar. Al principio tuvo que traducir el oficio casi todos los Domingos en otra comunidad, cuando venía un Dirigente de Distrito, el Obispo o el Apóstol. Hugo participó activamente en invitar a inmigrantes italianos a los oficios. Muchas veces salió con quién sería después nuestro Apóstol. Con él y también con quién sería después el Apóstol Mayor tuvimos una muy buena relación. Cuando la comunidad italiana empezó a funcionar bien, me preguntaron si quería fundar un coro italiano y tocar el órgano. Estuve a cargo de ese coro hasta el año 2000. Tuvimos un contacto muy estrecho con los hermanos de la comunidad , y nos aceptaron sin excepción como pareja homosexual. Como pareja tuvimos amigos en cualquier situación. Después de la muerte de mi madre nos mudamos a otro departamento. En el edificio vivía una mujer sola. La invitamos a los oficios, un año más tarde fue sellada. Lisa fue una amiga maravillosa para nosotros y le tengo que agradecer mucho. A principios de 1991 tuve que llevar a Hugo al hospital y le diagnosticaron un cáncer intestinal. Fue un golpe duro para nosotros, para Lisa y para toda la comunidad. Para Hugo empezaron tiempos dolorosos con operaciones y quimioterapia. Como Hugo necesitaba cuidado permanente, podía contar con Lisa, fue una gran ayuda para mí. Yo no podía cuidarle solo, tenía que trabajar también. El 22 de Junio de 1992, Hugo partió a la eternidad. Dios me permitió de acompañarlo en sus últimos momentos y tomar sus manos hasta que dejó de respirar. Toda la comunidad nos había apoyado como una roca, con oraciones y hechos. El amor y la bondad que pudimos recibir de nuestros hermanos es indescriptible. El Apóstol realizó el sepelio como amigo y hermano en la fe de Hugo, según sus propias palabras. La despedida de Hugo después de 38 años fue muy duro para mí, siempre habíamos soñado de compartir el otoño de la vida. Solamente el que vivió la pérdida del ser más querido puede entender lo que realmente significa. No estuve sólo, toda la comunidad me apoyó en esos días de dolor, con sus oraciones me dieron mucho amor y consuelo. Después de la muerte de Hugo, Lisa y yo tenemos una amistad aún más estrecha. Hacemos muchas cosas juntos y nos apoyamos mutuamente. Lisa comprende totalmente mi condición. Ahora estoy participando en un grupo de la tercera edad de la Iglesia, también todos me aceptan. El hermano gay, conocido por todos, fue aceptado en ese grupo sin reparo alguno. De mi vida puedo decir, Dios siempre me bendijo y hasta el día de hoy puedo sentir su amor. Hugo y yo estábamos bien plantados en esta tierra, no éramos santurrones, que solamente llevaron Dios en su boca. Siempre confiamos en El y El siempre nos ayudó. También en nuestra relación no todo fue color rosa. Tuvimos problemas como en cualquier relación. Tuvimos discusiones, pero con la ayuda Dios siempre encontramos una solución. En cada situación nos volvimos a reencontrar en la fe y en el amor.
Pensamientos finales: No vayan a pensar que nunca tuvimos problemas. Hubo un tiempo cuando no sabíamos como seguir. Pero con la ayuda de nuestro Padre Celestial y muchas oraciones nos reencontramos y nuestra unión fue más fuerte aún. Mi madre, un Pastor con su esposa y varios hermanos nos ayudaron a superar esa crisis. Mi madre fue una mujer maravillosa, siempre habló de "sus dos hijos", ella hizo mucho para la juventud de la Iglesia. Todavía hoy es recordada por los hermanos de la juventud de esa época. Quiero aconsejar a todas las parejas: conversen las cosas, si el Amado Dios quiere, siempre habrá un reencuentro en el amor. Una relación no puede basarse solamente en el sexo. El amor, en el cual una pareja se encuentra, es la fuente de la fuerza para una vida en unión. |
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