haring-keith-heartMarcelo

Nací en un hogar nuevo apostólico, y allí transcurrió mi vida, participando en la Escuelita Dominical, Confirmantes y Juventud. A los 15 años por fin lo más esperado: El ingreso al coro.

Ya hacia tiempo que en mi interior sucedía algo que cada vez costaba más controlar: Me gustaban los varones y aparte de las trabas de la sociedad, estaban las trabas de la fe, "eso no agradaba a Dios y era un terrible pecado".

La mayor parte de mi juventud separé ambas cosas, vivía en dos mundos distintos. Así llegué casi al final de mi Coming Out.

Durante la adolescencia ya me había dado cuenta de que esto era algo irreversible, aunque bien sabe Dios las veces que intenté "cambiar", pensando que sería más fácil y menos carga ser como los "demás" jóvenes de mi edad.

En uno de esos ataques de "cambio" decidí hablar con un siervo, y lo hice con quien había sido mi maestro de confirmantes. Mantuve una charla MUY ABIERTA con él, en donde le conté todo.

Lo primero que me dijo es que "tenia que cambiar". Que busque ayuda psicológica, etc, etc. Y me ofreció comenzar a ayudar como hermano oficiante. En efecto, comencé con esa tarea que me alegraba y hasta llegué a pensar que podría "cambiar".

Pasaba el tiempo, cada vez me sentía peor, de mal humor, me daba cuenta que no estaba siendo yo realmente, fue entonces cuando tomé la decisión de asumirme como lo que soy: un Hijo de Dios gay.

Se lo comenté al Pastor con el cual ya había hablado del tema y no me respondió nada.

Para entonces éramos 4 Hermanos oficiantes próximos a presentarnos como subdiáconos. Así fue sucediendo que cada uno fue recibiendo su ministerio y yo quedaba relegado con lo cual me invadió mucha tristeza y desazón. Hablé con un Diácono, pero igual mis fuerzas comenzaron a decaer hasta que me di cuenta que nunca me darían un ministerio. Sentí mucha bronca y lo que más dolor me produjo es que nadie viniese a hablar conmigo.

Dejé todo, sermones, coro, todo ..., no quería saber nada, estaba muy mal y muy enojado.

Pasado el tiempo, fue llegando el consuelo a mi alma y fui comprendiendo que mi salvación valía mucho más que estas formas materiales y no podía poner en riesgo mi herencia de Patria Celestial. Así que por Gracia de Dios pude vencer y regresar al redil, con más ganas que nunca de trabajar aunque solo sea en el coro.

En mi interior sé que Dios me comprende y me ama, en definitiva soy su creación.

Con alegría colaboro como armonista en mi comunidad, y el Padre me ha bendecido tanto, que a pesar que solo estudié un año de piano, puedo ejecutar cuanta obra me soliciten. Alguien me dijo una vez que si Dios no me quisiera no me habría otorgado los dones que me dio... Esas palabras me produjeron una inmensa alegría.

Luego en un sermón de Juventud nuestro Apóstol dijo una palabra que también me reconfortó: "Señor, dame fuerzas para cambiar lo que debo cambiar, fuerzas para soportar y llevar lo que no puedo y sabiduría para saber que puedo cambiar y que no" y Dios bien sabe que no puedo cambiar.

Otro acontecimiento que también me llenó de fortaleza fue la aceptación de mi Pastor. Fue un día, al poco tiempo de que mi madre partiera a la eternidad, me había ido a vivir solo y sufrido un desengaño amoroso, realmente estaba muy mal y un miércoles al final del sermón me quedé a hablar con el Pastor de mi hogar, le conté lo que me sucedía, y le pedí que me visitara. Justo me dijo que lo había pensado, así fue que, el viernes siguiente nos sentamos a conversar. Comencé diciéndole - "te lo digo con palabras o no hay nada que decir....", me contestó -"no hay nada que decir", Y me dijo, que el no era quien para juzgar si yo llegaría o no a la meta, Dios mira nuestra alma, nuestro corazón.

Imagínense, ahí llegó mi total liberación, lloré mucho y al fin pude descargarme. A partir de ese momento se abrió una puerta de comunicación que espero jamás se cierre.

Pude unir los 2 aspectos de mi vida, lo espiritual y lo material y tratar de ser feliz. Acato las enseñanzas que se refieren a mi vida espiritual, en cuanto a mi vida material trato de priorizar mi felicidad.

Con el tiempo conocí el Arco Iris y eso me volvió a llenar de mucha alegría y trabajo.

Por eso te digo querido hermano, lucha por tu felicidad no sos el único.

 
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