No solamente se puede engañar a otros, sino también a si mismo. Muchas veces
rechazamos experiencias dolorosas, que ponen en peligro la autoimagen. Si el autoengaño
pone en peligro la existencia completa de una persona se habla de una mentira de vida. La
historia de Marcelo nos muestra que pasa cuando una mentira se vuelve un factor predominante
en la vida.
Sentimientos no permitidos
"Cuando tenía 18 años, un compañero de trabajo del cual se
sabía que era homosexual me preguntó si yo era gay. ¿Yo? ¿Un
homosexual?
Indignado lo negué.
Hoy sé que en aquella época, por el año 1977, no solamente
engañaba a mi colega, también me engañaba a mi mismo."
Marcelo se ha sentido atraído por los hombres desde que tiene memoria. Jamás
se planteó llevar una vida abiertamente gay. La presión de su entorno es
demasiado grande, y los conceptos morales que rigen en su casa paterna son inamovibles.
Marcelo ha intentado de ignorar los sentimientos prohibidos, pero siempre le persiguen.
Cuando tiene 22 años recibe el ministerio de subdiácono. Está perplejo:
¿Como Dios que todo lo sabe puede llamar a alguien como él?
Ruega a Dios para poder vivir sin esas sensaciones que lo avergüenzan. Pero todo sigue
igual. Marcelo está luchando contra cada duda naciente.
Cambio inesperado
En Octubre 1988 Marcelo conoce a Paula de 27 años, cuyo marido ha fallecido hace poco.
Con sus dos niños pequeños busca refugio en la comunidad. Marcelo le ayuda con
dedicación y la acompaña en el duelo. Ya al poco tiempo el pequeño Tim
le dice "papá". Del cuidado nace el amor. Finalmente Paula le propone a
Marcelo contraer matrimonio. ¿Será esta la señal? ¿La muy anhelada
posibilidad de regalar nietos a sus padres? ¿O la huida inconsciente en una mentira de
vida?
"El autoengaño consistía en la ilusión que con el matrimonio
podía librarme de mi condición" dice Marcelo hoy. El matrimonio empieza
con mucha felicidad. Marcelo igualmente ve a los hombres atractivos, pero no le despiertan
sentimientos. El joven padre de familia cree tener su vida bajo control.
Pero luego empiezan problemas con Paula. Y entonces vuelven sus pensamientos hacia los hombres.
Marcelo se siente atormentado. Al año quiere marcharse pero Paula queda embarazada.
Marcelo no quiere abandonar a su familia, por eso se queda siete años. Pero sus
sentimientos se hacen cada vez más presentes. Cuando un hombre simpático ocupa
el departamento de al lado, Marcelo se enamora de él. La discrepancia cada vez se hace
más fuerte. Marcelo sufre por la frustración en su matrimonio. "Me abrumaba
la insinceridad hacia mi esposa". Llega el momento y Marcelo no aguanta más. Cuando
confiesa su homosexualidad a su mujer y sus hijos, para todos se derrumba un mundo. "Pero
ya no podía más. Esta vez tenía que ser egoísta, si no iba a
terminar destruido."
Un nuevo comienzo
Marcelo se muda del departamento y abandona por un tiempo la comunidad. Tiene una
conversación muy intensa y abierta con su Apóstol. Marcelo recobra esperanzas.
"El Apóstol me aclaró que no soy un Hijo de Dios de segunda categoría.
Pero también me aconsejó actuar responsablemente con mi condición sexual.
Trato de vivir ese consejo hasta el día de hoy."
También le ayuda estar en contacto con hermanos en la fe que han recorrido caminos
similares. La salida de closet significa el término de una gran mentira de vida para
Marcelo en primer lugar por el mismo. Hoy Marcelo tiene una buena relación con
sus hijos. En todo ese tiempo la fe fue un sostén firme para Marcelo.
"Independiente de lo que pasaba hasta el día de hoy, Dios siempre me mostró
que me amaba a pesar de todo."
No está totalmente asumido. Todavía tiene problemas en el manejo de su
homosexualidad. "Fue un paso importante poder confesar mi condición sexual a mi
mismo" dice hoy a los 47 años.
"Al terminar esa mentira de vida pude ser mucho más yo mismo".
Con amable autorización de la Iglesia Nueva Apostólica Internacional