| Temor al Contacto |
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¿Aceptas y amas a tu hermano aún cuando es diferente? Contactofobia (Temor al Contacto) El Hijo de Dios buscaba el contacto con los hombres. Invitó a todos a venir hacia él. No rechazó a nadie. Ni a los despreciados, ni a los aborrecidos. Ni al embustero, ni al publicano. Ni a las mujeres, ni a las pecadoras o pecadores. Tampoco a los niños. Incluso en la cruz invitó a su gloria al que había cometido un crimen capital. Leer esto agrada al corazón. Podemos estar seguros que nuestro Señor, nuestro Salvador no nos rechaza. Ni siquiera cuando venimos hacia él cargados con culpa. El nos quiere reconfortar. Del otro lado de este medallón valioso brilla otra luz: "Les he dado un ejemplo. Obrad como yo." Eso significa trabajo para cada uno. Hay que vencer prejuicios y cambiar nuestra perspectiva marcada por las tradiciones. Seguramente eso es difícil, pero con Cristo pueden nacer cosas nuevas en nosotros. Esas cosas nuevas pueden generar una mayor cercanía con Dios. Sin esos cambios será imposible ver a Dios, si no cambiamos nuestro viejo ser no podremos ser como Él. Ahora vivimos en el siglo 21 y en algunos puntos tenemos una visión diferente y valoramos algunas cosas de forma distinta que la sociedad contemporánea de Cristo. Si bien el adulterio es considerado por muchos cristianos como una grave falta a la moral, nadie apedrearía a una adúltera. La entidad recaudadora de impuestos es una molestia para muchos, pero nadie relega o margina a los funcionarios. Jesús no quiere excluir a los pecadores de la salvación. Los fariseos y escribas evitaban el contacto con personas que fueran consideradas como "impuras". No querían contagiarse del pecado. Jesús nos libera de esos miedos primitivos. El amor y la gracia divina purifican al ser más impuro si ese pecador busca la gracia de forma sincera. Las minorías siempre corren el peligro de ser marginados. En Egipto, el pueblo de Israel fue obligado al trabajo forzado. Los primeros cristianos fueron perseguidos y juzgados. Años después los cristianos torturaron a los judíos. En la Edad Media muchas mujeres pagaron con su vida solamente porque la naturaleza las hizo pelirrojas o les dio un físico fuera de lo común. Hoy en día, hasta los niños saben que una cabellera colorida o una cara imperfecta no significan que esa persona tenga un pacto con el diablo. Antes se quemaba a las así llamadas "brujas", en la hoguera. Con ello se les quitó la vida material y también la posibilidad de una vida eterna, porque la imaginación cristiana de entonces consideraba que solamente aquel que fuera enterrado de forma intacta tenía la posibilidad de resucitar. Los quemados o descuartizados fueron condenados por toda la eternidad. Eso era la crueldad cristiana bajo el signo de la cruz. ¿Todo eso parece nieve de antaño? ¡Ojalá! Sin embargo en cada sociedad existen personas que son distintas a la mayoría. Como tratamos a aquellas personas evidencia si entendimos y seguimos a Cristo en su mandamiento de amar al prójimo y tratarlo de la misma manera como desearíamos ser tratados nosotros por los demás. No necesariamente me tiene que gustar el pelo verde peinado de erizo del hermano que está sentado a mi lado, tampoco los accesorios de metal en la nariz, boca y orejas de la hermana que canta en el coro. Jesús ama a ambos. Por eso me corresponde darles una cordial bienvenida y acogida en la comunidad. Quizás me puedo sentir inseguro o irritado frente a la orientación homosexual o transexual de algunos hermanos. Pero eso no me da el derecho de marginar a esas personas.
"Venid hacia mí todos... " es hoy el ofrecimiento de Jesús, también para
mi como pecador.
Traducido de la Revista "Unsere Familie", 12/2008, Editorial Friedrich Bischoff,
Frankfurt, RFA |