Una Respuesta Divina

...pero a mí me ha mostrado Dios
que a ningún hombre
llame común o inmundo
(Hechos 10, parte del versículo 28)

De joven me preguntaba que sería del alma de la persona homosexual. En mis recuerdos, de muy pequeña veo a Miguel, el hermano de la amiga de mamá. Un ser único, especial, alegre, era bailarín, concurría a los sermones, amaba al amado Dios, pero ¿no fue comprendido? ¿Qué pasó? Se alejó de la obra, excluido, se quedó solo. No lo vi más. Luego de mucho tiempo y conversando con mamá me dijo que falleció muy joven...

El tiempo pasaba y no encontraba respuesta a mi primitiva pregunta ¿Y estas almas? Conversaba con mamá, amigos, pastores de la comunidad, pero no encontraba satisfacción en lo que me decían.

¿Si el amor de Dios es inconmensurable? ¿Si su misericordia es infinita? ¿Cómo cuestionar estas almas? ¿Qué recursos tenía como hija de Dios para llegar a ellas?

Tengo amigos y profesores que lo son, me siento dichosa estar con ellos, los miro y me replanteo lo mismo. Pasa el tiempo, siempre orando por ellos y pidiendo al amado Dios no una respuesta pero si tranquilidad y claridad a mi alma.

Cierto día tengo un sueño, antes de un sermon de difuntos.
"Estoy en un salón inmenso, como un estadio, está repleto, colmado de personas paradas en las gradas, vestidos de forma especial: Con traje negro los hombres y blusa blanca y pollera negra las mujeres, eran jóvenes, parecía un gran coro, miraban hacia delante, espectantes, serios, algo importante pasaría de un momento a otro. De pronto delante mio (yo en el sueño observaba desde otro lado) estaba el actual Apóstol, en ese entonces tenía otro ministerio, estaba delante de todo, creo que cerca del altar, parado y con sus manos entrelazadas, muy serio, a su lado estaba un hombre muy joven, parado, pero desbordaba de alegría su rostro, los dos vestidos de traje negro. Yo sabía, en el sueño, que este joven era un apóstol, pero el no lo sabía. El futuro Apóstol lo miraba, estaban uno al lado del otro. De pronto al mirarle las manos entrelazadas alcanzo a ver sus uñas "pintadas" y sonreí, pensé "el es homosexual" y mi alma estaba tranquila y alegre.

¿Era una señal? Desperté de golpe y oré por él. Conté mi sueño a mi familia, amigos íntimos y pastores, recibí distintos comentarios. Pero deseaba hacerlo con el Apóstol.

Pasa un año y ese siervo recibe el ministerio de Apóstol, se presentaba la oportunidad en sus visitas a la comunidad, de contarle el sueño, pero no lo lograba, algo me detenía, sabía que el día llegaría.

Así fue, un día a la salida de un sermón lo esperé, algo me decía que no me tenía que ir, era el día. Lo veo, me acerco a él y le comento que ya hace tiempo que tenía que contarle un sueño. Lo hago y me escucha atentamente con seriedad y respeto. Me agradece la oportunidad de ver la situación de otra manera y que se lo comentaría al Apóstol de Distrito.

Hasta aquí llegué, ya no necesitaba más.
Pero aquí no termina todo.

En un sermón nos visita, la capilla estaba feliz. A la salida del mismo nos vemos en el saludo y me dice: "Le conté tu sueño al Apóstol de Distrito y dijo que oraríamos especialmente por ellos, y así lo hizo". Mi alma estaba felíz. El amado Dios me hablaba. Ya no tenía dudas y es por eso que deseo compartirlo.

M.V.G.