Esta historia se tiene que leer con fantasía, humor y buena voluntad para entenderla bien (Sino mejor no leerla).

EL MUNDO AL REVES

Francisco vivía en un mundo un poco extraño. La mayoría de las personas eran homosexuales y se consideraban normales. Había un pequeño grupo de heterosexuales, y fueron considerados como bichos raros, antinaturales, pervertidos etc, y los llamaban los grises porque no les gustaba vestirse con los colores vivos que solía tener la vestimenta de la gente normal.
Francisco era heterosexual o un gris.
Menos mal que era una sociedad moderna porque hace décadas atrás se perseguían a los grises, fueron encarcelados o por lo menos insultados. Hoy era distinto, quizás se contaban chistes de grises, algunos se burlaban de ellos, bueno, todavía existía gente que pensaron que eran peligrosos para la sociedad, que eran superficiales, frívolos, que había que proteger especialmente a la juventud de ellos, incluso había opiniones más extremistas.
Francisco sufría mucho en su trabajo, no podía decir que era heterosexual porque corría peligro de ser despedido. Sus compañeros de trabajo hablaban de Hollywood, de la ropa y de los perfumes, de los hombres más apuestos e intercambiaban recetas de cocina. Alguna vez Francisco quería hablar de deporte, pero un colega dijo: ¡Ay, desde cuando te interesas por cosas grises! Todos se rieron y Francisco se puso rojo como la camisa de su jefe.
Las mujeres grises tenían que pasar por situaciones similares, la gente se burlaba de sus costumbres antinaturales, como depilarse las piernas y las axilas, pintarse y caminar con tacos altos. Además, la mayoría de sus relaciones eran sufridas porque recibían un trato poco digno, eran prácticamente la esclava del hombre gris.

Francisco era muy creyente, amaba a Dios y le gustaba mucho ir a la iglesia. Por supuesto, en la iglesia, todos los hermanos eran normales y Francisco hizo cualquier esfuerzo por no llamar la atención. Vestía corbatas de color y hasta se puso un aro. Todo los ejemplos que salían en la prédica eran del mundo de los normales, la palabra gris no se mencionaba nunca. Pero como se hablaba del amor al prójimo y de la tolerancia, Francisco se animó a conversar con su pastor por su condición. El Pastor le aconsejó de hacer el intento de buscar un novio o sino vivir en el celibato.
Se complicó la vida para Francisco porque siempre le habían gustado las chicas, y nunca se había enamorado de un hombre. Vivir solo y sin amor le causaba angustia. Igual hizo el intento. Fue un desastre.
Entonces conoció a Isabel. Se enamoró. Quería compartir su vida con ella. Por un lado estaba feliz, pero por el otro lado se sintió culpable, porque su relación con Isabel no era bien visto, y se suponía que el amor entre una pareja gris era un pecado.
Al principio presentó a Isabel como su amiga o su prima, pero fue muy incómodo para él porque tenía que mentir constantemente. Un día habló con otro Pastor y le comentó su relación con Isabel. El Pastor fue muy comprensivo y le aseguró que Dios lo amaba igual que los normales y que no se preocupara por ser gris.
Eso lo dejó más tranquilo, pero no tenía con quien conversar. No había más hermanos grises en su comunidad. ¡Como le hubiese gustado juntarse con sus hermanos un Domingo en la tarde para un partido de fútbol! Pero ellos tenían otros intereses.
A Francisco e Isabel les hubiese gustado recibir la bendición de Dios para su relación. Las parejas normales la recibían, ¿porque ellos no?
Isabel quedó embarazada, nació el niño y ya quedó en evidencia que no eran amigos o primos. Hubo miradas de reproche o de burla, pero otros les manifestaron su apoyo.
No siempre las cosas con Isabel anduvieron bien, hubo problemas en la relación, pero era difícil de conversarlo con el Pastor, porque el era una persona normal y llevaba otra vida. ¡Como les hubiese gustado conocer a un Pastor gris! El podría quizás entender mejor sus problemas.

RRRRRRRRRING – Son la 7:00 de la mañana. Francisco despierta transpirado. Isabel todavía duerme. Sobre el velador está la foto de su boda – ¡que alivio! -¡Isabel, despierta! ¡Somos normales!

Moraleja: Para entender una persona no basta escuchar con atención, sino PONERSE EN EL LUGAR DEL OTRO.